6. Por nada os inquietéis, sino que en todo con la oración y petición con acción de gracias, vuestras peticiones sean dadas a conocer a Dios: la exhortación de Pablo es a no estar inquietos por nada (cf. Mt 6,31) por las inquietudes de la vida, lo que incluye también el tema del final de los tiempos (cf. 3,20) y que no debe ser motivo de angustia para el creyente. La oración y la petición han de ir acompañadas de la acción de gracias y alcanzarán un estado de paz que brota de Dios mismo. La oración y la petición acompañadas de la acción de gracias permitirán al creyente descargar toda inquietud confiadamente en Dios y elevar a Dios una oración de gratitud. En esos momentos de angustia siempre existe la posibilidad de dar a conocer a Dios en la oración nuestras peticiones.
Recordemos que Pablo está en la cárcel de Éfeso, y es consciente de lo que dice, ha vivido todo tipo de suertes en su apostolado. Su mejor presentación la encontramos en 2 Cor 11,23-28 (29-33) En el apostolado de Pablo no faltaron dificultades, que él afrontó con valentía por amor a Cristo. Él mismo recuerda que tuvo que soportar: trabajos…, cárceles…, azotes; peligros de muerte, muchas veces…Tres veces fui azotado con varas; una vez apedreado; tres veces naufragué… Viajes frecuentes; peligros de ríos; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros de los gentiles; peligros en ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos; trabajo y fatiga; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez. Y aparte de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la preocupación por todas las Iglesias.
7. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús: este versículo asume una invocación bautismal que se impartía a los recién bautizados, pero que es transformada en promesa (cf. 2Cor 13,11; 1Tes 3,13; 5,23-24; 1Cor 1,8-9; Flp 1,10-11).
“La paz de Dios” indica aquí la vida plena que brota de Dios (cf. 1Tes 3,16), cuyo autor es Dios, y quien la da como don. Esta vida supera toda comprensión humana, todo entendimiento, ya porque no es posible comprenderla completamente por lo inabarcable, ya porque no es fruto de esfuerzos racionales y naturales del hombre. El hombre por sí mismo no la puede apreciar en todo su valor.
Esa paz realiza la función de custodio, defenderá a modo de guarnición, como quien ve siempre hacia adelante, mira hacia afuera para estar seguro (cf. Hch 9,24; 2Cor 11,32). Se nos transmite la idea de que nada nos la puede arrebatar. Cristo es nuestra paz y la unión con él nos otorga precisamente la paz. La custodia es sobre nuestro corazón, o sea, el lugar central de nuestra vida interior, y nuestros pensamientos, o sea, de aquello que se piensa en la totalidad de lo que piensa el hombre, la suma de toda la capacidad de pensar.
8. por lo demás, hermanos, cuanto es verdadero, cuanto respetable, cuanto justo, cuanto puro, cuanto amable, cuanto de buena reputación, si alguna virtud y si alguna alabanza 9 esto considerad: la enumeración está en sintonía con tópicos de la ética griega y abarca seis adjetivos que describen ideales cristianos. Podemos pensar que Pablo al enumerar estos tópicos griegos quiere exhortar a los creyentes en Cristo a que presenten a título de buen ejemplo y acción moral sobre los demás, una síntesis de todo lo que la parte más sana del mundo pagano sabe todavía apreciar. Actuando así se harían respetables aún ante los de fuera (cf, 4,5). Es una bonita forma de decirnos que el Evangelio no va en contra de la cultura, toma de ella aquellos valores profundamente humanos y arecidos por los hombres; es también una forma concreta de inculturación del Evangelio en los bienes propios de cada cultura.
“Respetable” indica algo que es digno de adorar, de reverenciar (Tit 3,8). “Puro” indica todo cuanto hay de pureza: cosas, pensamientos, palabras y acciones. “Amable” es lo atractivo, placentero. “De buena reputación” indica el buen hablar. “Virtud” la palabra indica complacer en el sentido de cualquier excelencia mental, cualidad moral, poder físico (cf. 1Pe 2,9; 2Pe 1,3.5).
Lo que aprendisteis y asimismo recibisteis y oísteis y visteis en mí, eso poned por obra: Pablo presenta su vida como ilustración de esta elevada manera de pensar, y lo hace en la diversidad de modos: recibir, oír, ver, que sirvieron a la formación de sus hijos amados. Todo eso “ponerlo por obra”, es decir, practicadlo como hábito, pues traducirlo en actos concretos hará que el Dios de la paz permanezca con ellos. La mejor manera de enseñar de Pablo, el maestro, es su propio testimonio.
Y el Dios de la paz estará con vosotros: el Dios de toda complacencia y protección estará con ellos (cf. Rom 15,33; 2Cor 13,11).
Pbro. William G. Segura Sánchez
Centro Nacional de Catequesis, San José, Costa Rica