Si alguien nos preguntara cuál fue el primer milagro que hizo Jesús, no dudaríamos en responder que fue el del agua convertida en vino, en las bodas de Caná de Galilea (ver Jn 2,1-I1). El mismo evangelio de san Juan lo dice claramente: "Éste fue el primer signo que hizo Jesús, en Caná de Galilea, con el cual mostró su gloria, y sus discípulos creyeron en él" (Jn 2,11).
Sin embargo para los otros tres evangelistas (Mateo, Marcos y Lucas), éste no fue el primer milagro realizado por Jesús. Cada uno relata otro "primer" milagro. Así, en san Marcos y san Lucas, se nos presenta la curación de un endemoniado en la sinagoga de Cafarnaún (Mc 1,21-28; Lc 4,31-3 7). Y en san Mateo, la curación de un leproso luego del sermón de la montaña (Mt 8,1-4).
¿Por qué los evangelistas no están de acuerdo sobre este primer milagro de Jesús? ¿Por qué cada uno cuenta una versión distinta? Porque ellos no pretendieron contar a sus lectores lo que históricamente hizo Jesús con sus milagros, sino transmitirles un mensaje religioso o de fe.
En los tres evangelistas, cada "primer milagro" de Jesús quiere demostrar su poder sobre el mal, ya fuera una enfermedad, un mal moral, físico o mental. En cambio, san Juan al contar el primer milagro de Jesús, quiere enseñar otra cosa distinta de Mateo, Marcos y Lucas.
San Juan fue el último evangelista en escribir su Evangelio. Pero a diferencia de los otros tres evangelistas, que en sus escritos habían querido demostrar que Jesús estaba dotado de un poder impresionante y de una gran autoridad, san Juan quiso enseñar otra cosa.
La comunidad de Juan tenía conflicto con grupos de judíos que rechazaban a Jesús, y que no lo aceptaban como Mesías o Cristo. Por lo tanto, el problema que Juan tenía no era el de convencer a sus lectores, que habían sido judíos, no solamente del gran poder de hacer milagros que tenía Jesús, sino de que Él era realmente el Mesías esperado, el enviado de Dios.
Lo dice expresamente al final de su evangelio: "Estos signos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios" (Jn 20,31). Por eso san Juan es el único de los cuatro evangelistas que llama "Mesías" a Jesús, porque en su comunidad había algunos que lo negaban.
¿Por qué san Juan cuenta este milagro de bodas, como el primero hecho por Jesús? Es que según las creencias judías, cuando llegara el Mesías, Dios lo festejaría con una inmensa fiesta de bodas, en la que el novio sería Dios, y la novia seria el pueblo de Israel. Aquel día Dios se casaría con su pueblo, y a partir de ese momento lo cuidaría y serviría con amor eterno, y ya no lo abandonaría más.
Así lo anunciaba, por ejemplo, el profeta Isaías: "Como un joven se casa con una muchacha, así se casará tu Creador contigo; el gozo que siente el esposo por su novia, sentirá Dios por ti" (Is 62, S). También el profeta Oseas profetizaba lo siguiente: "Yo te haré mi esposa, Israel, para siempre; me casaré contigo porque te amo entrañablemente; tú te unirás a Yahvé" (Os 2,21-22). Y muchos otros profetas más.
También, según la tradición, esa fiesta de bodas se caracterizaría por la gran abundancia de vino, como lo decían, entre otros, el profeta Amós: "Aquel día, por los montes y colinas fluirá el vino como agua" (Am 9,13). También el profeta Isaías decía: "Aquel día Yahvé ofrecerá a todos los pueblos un banquete con vinos exquisitos y abundantes" (Is 25, 6). Además, el profeta Joel anunciaba así: "Aquel día habrá una cosecha enorme de trigo, y las bodegas rebosarán de vino" (J12,24). Incluso un libro apócrifo de esa época, el Segundo libro de Baruc (2 Baruc 29,5) dice, refiriéndose a las bodas del Mesías: “ese día, cada tronco de la vid tendrá 1.000 ramas, cada rama tendrá 1.000 racimos, cada racimo tendrá 1.000 uvas, y cada uva dará 500 litros de vino".
Al presentar a Jesús participando en una fiesta de bodas (Jn 2,1-11), san Juan enseña a sus lectores que la boda final, es decir, la que Dios tenía preparada para el final de los tiempos, ya ha llegado con Jesús (ver Ap 19, 7).
Si a eso le añadimos que Jesús en esa boda hace aparecer 600 litros de vino, una cifra por lo demás exagerada, ya que en ninguna fiesta de pueblo se podría haber tomado tantísimo vino, el mensaje estaba claro: Jesús es el Mesías esperado, es el enviado de Dios que trae el vino abundante; por lo tanto, los últimos tiempos ya han comenzado, han llegado con Jesús.
Cada "primer milagro" de Jesús contado por los evangelistas tiene su significado propio. En Juan nos enseña que Jesús es verdaderamente el Cristo, el enviado de Dios, y que no debemos esperar a ningún otro Salvador. En Marcos (y Lucas) nos dice que el poder de Cristo está a nuestra disposición, para derrotar a las fuerzas oscuras y tenebrosas que nos oprimen internamente.
Y en Mateo nos enseña que Jesús también tiene poder para vencer las divisiones sociales y las discriminaciones que nuestra sociedad fabrica para cierta gente "impura" (pensemos en los enfermos de SIDA, por ejemplo).
San Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan anunciaron esta Buena Noticia a sus comunidades de la manera que pudieron y con el lenguaje que conocieron. En el mundo de hoy, en que la gente vive agobiada por opresiones internas, y segregaciones sociales externas, los cristianos y cristianas debemos mostrar que el poder de Cristo sigue vigente en nosotros (as), y que podemos repetir el milagro de liberar a los hombres y mujeres de las fuerzas sombrías que los oprimen por dentro y por fuera.
Pbro. Mario Montes Moraga (Colaborador de La Asamblea)
Tomado de "La Asamblea"