Catequesis de las Escrituras - Corpus Christi

Corpus Christi

El comer, humanamente hablando, tiene el valor del alimento y la reparación de las fuerzas. Pero, a la vez, tiene connotaciones simbólicas muy expresivas: comer como fruto del propio trabajo, comer en familia, comer con los amigos, comer en clima de fraternidad, comer con sentido de fiesta.

En el contexto cristiano de la Eucaristía, el comer tiene igualmente varios sentidos. Al comer el pan, estamos convencidos de que nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo. Su palabra ("esto es mi cuerpo "), sigue eficaz y su Espíritu es el que ha dado a ese pan que hemos depositado sobre el altar su nueva realidad: ser el Cuerpo del Señor glorificado, que ha querido ser nuestro alimento. Este es el primer sentido que Cristo ha querido dar a la comida eucarística: "mi carne es verdadera comida" Un 6,55). El es el "viático", el alimento para el camino de los suyos.

"también hay otros valores y significados que Cristo expresa en el evangelio con este simbolismo de la comida: el perdón, la alegría del reencuentro, la fiesta, la plenitud y la felicidad del Reino futuro. Basta recordar la parábola del hijo pródigo, acogido en casa con una buena comida (Lc 15,23-24), o la de las bodas del rey (MI 22,1-14), o la multiplicación de los panes y peces en el desierto (Ml 74,13-21), o la expresiva presencia de Jesús en comidas en casa de Zaqueo (Lc 19,1-10), de Mateo (Mt 9,)!2), del fariseo (Lc 7,3<), de Lázaro (Jn 12,1-2). Y las comidas de Jesús con sus discípulos, tanto antes como después de la Pascua, que ellos recordarán muy a gusto (ver Hech /(1,40). Además, san Pablo entenderá la comida como símbolo de la fraternidad eclesial. el pan de la Eucaristía, además de unirnos a Cristo, participando de su Cuerpo, es también lo que construye la comunidad: "Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan" (1 flor 10.16-17).

"Comer con"'..., por ejemplo con los cristianos procedentes del paganismo, es un sigilo expresivo y favorecedor de la unidad de todos en la Iglesia, sea cual sea su origen (ver la discusión entre Pablo y Pedro en Hech H,3 t° Gál 2,12).
El origen de este gesto en nuestra Eucaristía lo conocemos todos y todas. La cena judía, sobre todo la cena pascual, comenzaba con un pequeño rito: el padre de familia partía el pan para repartirlo a todos, mientras pronunciaba una oración de bendición a Dios (41c 14,22).

Este gesto expresaba la gratitud hacia Dios y a la vez el sentido familiar de solidaridad en el mismo pan. Muchos hemos visto cómo antes, en nuestras familias el momento de partir el pan al principio de la comida se consideraba como un pequeño pero significativo rito. Como el que se hace solemnemente cuando unos novios parten el queque o pastel de bodas y los van repartiendo a los invitados que los acompañan.

Cristo también lo hizo en su última cena: "Domó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio...". Más aún: fue este el gesto el que más impresionó a los discípulos de Emaús en su encuentro con Jesús Resucitado. "Le reconocieron al partir el pan" (Lc 24,30-31.35). Y fue este el rito simbólico que vino a dar nombre a toda la celebración eucarística en la primera generación (Hech 2,42-44; 20, 7-11).

La fracción del pan puede tener, ante todo, un sentido de cara a la Pasión de Cristo. El pan que vamos a recibir es el Cuerpo de Cristo, entregado a la muerte, el Cuerpo roto hasta la última donación o entrega en la Cruz. En el rito bizantino hay un texto que expresa claramente esta dirección: —se rompe y se divide el Cordero de Dios, el Hijo del Padre; es partido pero no se disminuye: es comido siempre, pero no se consume, sino que a los que participan de él, los santifica—.

El Misal Romano explica también este bello signo así: "`por la fracción de un solo pan se manifiesta la unidad de los fieles" (IGMR 48). "el gesto de la fracción del pan que era el que servía en los tiempos apostólicos para denominar la misma Eucaristía, manifestará mejor la fuerza y la importancia del signo de la unidad de todos en un solo pan y de la caridad, por el hecho de que un solo pan se distribuye entre hermanos" (IGMR 283).

Que estos signos, en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor, nos ayuden a comprender la entrega del Señor por nosotros a la muerte, y su deseo de que nos alimentemos de Él, que es el Pan de Vida, dado para la vida del mundo Un 6,51).

Los cristianos (as), cuando participamos de la celebración de la Eucaristía, somos invitados a comer y beber, el cuerpo y la sangre de Cristo. Es que juntamente con el "beber", el "comer" es el gesto central de la Eucaristía cristiana. Si el Antiguo Testamento empieza con la prohibición de "no comer" (Gén 2,l_5), en el Nuevo Testamento escuchamos el testamento: "tomen y coman"
(Mt 26,26). Y si entonces la consecuencia era: "el día que comas de él, morirás", ahora la promesa es la contraria:
"el que come... tiene vida eterna" (.In 6,54)