Catequesis sobre las Sagrdas Escrituras - ¿Qué significa la lucha de Jacob con el Ángel?

¿Qué significa la lucha de Jacob con el ángel?

En los pueblos antiguos, como el pueblo judío, así como en el nuestro, hay muchas historias extrañas y fascinantes. Para que el pueblo de la Biblia entendiera el mensaje de los autores sagrados, éstos se valían de relatos populares y legendarios, es decir, que no cuentan cosas que sucedieron al pie de la letra como estamos acostumbrados a leer en la Biblia, sino que, partiendo de un núcleo histórico, enseñan verdades de fe. Y lo que nos interesa es la enseñanza, no la forma corno cuentan las cosas. Ya de esto hemos enseñado al hablar de Adán y Eva, de Caín y Abel, de la torre de Babel, del pecado de las hijas de Lot, etc.

Sabemos que Isaac tuvo dos hijos gemelos, Esaú y Jacob. Ambos niños, desde el vientre de su madre, tenían "choques". Y, siendo ya grandes, eran como todos los hermanos, tenían pleitos, desavenencias a veces, un carácter muy distinto cada uno. Esaú era un hombre "de monte", bueno para la caza, en cambio, Jacob, un hombre tranquilo y casero, pero astuto y tramposo... (Gén 25,20-28).

Jacob se había distanciado de su hermano Esaú, al cual había engañado varias veces (Gén 25,29-33; 27, I-40), y estaba a punto de encontrarse con él. Y, con sobradas razones, Jacob tenía miedo de la venganza de su hermano (Gén 32,1-21). Y, vísperas de ese encuentro, cruzando de noche la quebrada o riachuelo de Yaboc, afluente del río Jordán, un hombre luchó contra él.

Y, como no podía vencerlo, este personaje hirió al patriarca Jacob en el muslo, lo dejó renqueando y luego Jacob, un tanto maltrecho, le pidió su bendición, no sin antes su contendiente cambiarle el nombre de Jacob por Israel (Gén 32,22-32). ¿Será cierto todo esto? ¿Es posible luchar contra un ángel? Este relato, en su forma más primitiva y popular, lo que quería explicar era tres cosas:

a. El origen del nombre "Penuel", que quiere decir "rostro de Dios" y que pone en relación con una manifestación de Dios a Jacob.

b. El origen del nombre de Israel, que es interpretado como "el que lucha contra Dios", aludiendo a una lucha que Jacob sostuvo con Dios.

c. la origen de una costumbre dietética de los judíos, de no comer el nervio ciático de los animales y que pone en relación con una herida o cojera de Jacob.

Partiendo de una creencia popular, (le la gente de aquellos años, que los ríos estaban habitados por genios, duendes o seres mitológicos o sobrehumanos creencia que también nosotros conservamos, con la leyenda de la Llorona, en nuestros ríos), el relato pone de manifiesto que Jacob luchó, no con los ángeles, (pues ellos no tienen cuerpo como nosotros), sino consigo mismo y con Dios. En adelante, Jacob dejará sus temores atrás, para convertirse en un hombre fuerte y decidido. Valiente para hacerle frente a Dios y astuto (como siempre lo fue, por eso se llamaba Jacob, para doblegar la cólera de su hermano.

Así entonces debe ser el pueblo de Israel. No tiene por qué temerle a Dios ni tampoco a los demás seres humanos, a sus vecinos. Los judíos han de comprender que no existe fuerza divina ni humana, que los atemorice en conseguir las promesas de Dios.

Muchas veces, nuestras relaciones con Dios son difíciles, de forcejeo. Nuestros encuentros con él pueden a veces ser violentos como pacíficos. Ya nos lo enseña Jesús, que "el Reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan" (MI 11, 12). Seguir a Cristo supone a menudo renuncias y valentías. Él también tuvo que luchar, en el gran combate de la salvación de la humanidad (Lc 4,1­l3: 22,39-45). El combate se libró desde la cruz y empezó desde el desierto. Jesús es el Triunfador por excelencia. Ahora nos hace partícipes de su triunfo, dándonos fuerzas en las luchas de cada día.

Nuestra vida no es fácil. Pero, como Jacob y Jesús, Dios nos ayuda a renovar la orientación de nuestras vidas. En Jacob hubo un cambio, de pasar a ser el sinvergüenza y usurpador que era, a ser el fuerte (lsrael). Las pruebas de la vida tendrían que madurarnos, haciéndonos pasar de tramposos y suplantadores, a ser personas fuertes, con la fuerza de Dios.

Pbro. Mario Montes Moraga

Tomado de "La Asamblea"