Catequesis de las Escrituras - Poner la otra mejilla

Catequesis de las Escrituras

¿Qué quiere decir Jesús: "si alguien te pega en la mejilla derecha, hay que ponerle la izquierda"?

La ley del talión, que era aquella ley que frenaba los abusos y las venganzas entre las personas y los pueblos antiguos (ver domingo 4 de febrero en La Asamblea).

Jesús quiso darle un nuevo sentido: la ley del perdón y la misericordia con quienes nos ofenden y nos maltratan. Y para hacerlo, lo explica de una manera especial y llamativa, (en el texto de Mateo S, 38-41.)

Jesús quiso dar un nuevo sentido: la ley del perdón y la misericordia con quienes nos ofenden y nos maltratan

Vamos a ver los ejemplos que pone:
"Al que abofetee en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda" (Mt 5,38) ¿Qué quiere decir Jesús? Imaginémonos un hombre frente a otro, al que quiere pegarle en la mejilla derecha ¿Cómo puede hacerlo? Normalmente sólo con el dorso de la mano derecha, que es la más usada. Ahora bien, en Israel pegarle a una persona con el dorso de la mano era más humillante y ofensivo, que hacerlo con la palma de la mano o con el puño cerrado.

Lo que Jesús nos enseña es que, ante las ofensas más graves, no debemos responder de la misma manera. A lo mejor, en la vida real, no nos dan de bofetadas, pero puede que nos ofendan, unas veces más, otras menos..., que podrían ser como "pegarle con el dorso de la mano" a un judío.

Un cristiano o cristiana no alimenta sentimientos de odio y venganza, es un no-violento, no propicia la violencia devolviendo golpes o insultos, es capaz de desarmar al más violento. Este es el mensaje de Jesús, implícito en esta comparación de la mejilla derecha.

Sabemos que esto cuesta, máxime en el ambiente de violen­cia en que todos y todas vivimos inmersos. Este es el mensaje de Jesús, implícito en esta comparación de la mejilla derecha.

"Al que te pida la túnica, dale también el manto" (Mt 5,40). La túnica era la ropa de la gente en Israel y consistía en un vestido largo, de lino o algodón, de mangas cortas y llegaba hasta las rodillas. Las más lujosas, hasta los pies. Toda persona tenía dos o más túnicas para estárselas cambiando (como nosotros cada día con nuestra ropa).

El manto era un prenda rectangular, de tela gruesa, que se usaba sobre los hombros de día como prenda, y de noche se usaba como cobija. Casi siempre cada persona tenía un solo manto.

Ahora bien, las leyes de Israel prescribían que, en un juicio, a un deudor se le podía quitar la túnica, pero nunca el manto, ya que, a lo mejor esa persona era pobre y sólo, contaba con su manto para protegerse del frío de la noche (ver Ex 22,25-26). De manera que, con la comparación del manto, Jesús afirma que todo cristiano (a) no debe vivir obsesionado por sus derechos o privilegios, sino por sus responsabilidades.

El verdadero discípulo (a) no vive pensando en su derechos y cómo defenderlos "a uñas y dientes", sino que sabe anteponerlos, cuando de esta forma puede ganar a alguien para el Señor.

"Y si alguien te obliga a acompañarlo un kilómetro, acompáñalo dos..." (ver Mt 5,41). En los tiempos de Jesús, su país, Palestina o Israel, estaba ocupado por los romanos, a los cuales los judíos profesaban un odio visceral, por ser el imperio opresor, el ocupante de sus tierras.

La gente tenía la obligación de prestarles cualquier tipo de servicio, ya sea llevando recados, alimentos, cargas, etc. Cualquier judío, en cualquier momento, podía ser requerido por un soldado romano para un servicio, aunque no quisiera hacerlo.

De esta costumbre, la encontramos narrada el Viernes Santo, cuando Simón de Cirene, Fue obligado por los soldados romanos a llevar la cruz del Señor, cuando éste salía hacia el Calvario (ver Mc 15,21). Las leyendas afirman que el Cirineo dijo que lo hacía "no por piedad ni temor". Con esta costumbre, Jesús quiso decir que no debemos cumplir nuestras obligaciones con amargura y rencor o refunfuñando.

Si tenemos que hacer algo que no nos gusta, no tenemos que hacerlo con desgano, "o porque no queda de otra", como decimos, sino prestar ese servicio con alegría y disponibilidad. Y no con lo mínimo, sino siendo generosos con el prójimo. El que hace una obra de bien, pero a regañadientes y mal dispuesto, no ha entendido lo que es ser cristiano.

Todas estas recomendaciones del Señor, son verdaderos mandamientos para nosotros y son la esencia del cristianismo. No poniéndolas en práctica: la ley del talión, la ley del mínimo esfuerzo, con que muchas veces vivimos, habrán desaparecido en nuestras vidas, y seremos auténticos cristianos.

Pero no se trata de que, con este texto, vayamos a dejamos intimidar o nos quedemos sin hacer nada ante la injusticia contra nosotros (as) mismos (as) o contra los demás.

Pbro. Mario Montes Moraga

Tomado de "La Asamblea"