Comentario Evangélico Juan 2,1-11

Comentario al Evangelio según San Juan 2, 1-11

Las bodas de Caná

Todos, alguna vez en la vida, necesitamos a algún amigo "influyente" para que nos recomiende con otras personas, sea por motivos personales o profesionales.

En la vida espiritual nos ocurre algo seme­jante. Gracias al infinito amor que nos tiene y a su inmensa condescendencia, no tenemos necesidad de "intermediarios", pues podemos acudir directamente a Él a través de la oración. Sin embargo, sí necesitamos el apoyo de alguna "palanca" especial para que nos ayude a obtener de Él aquello que le suplicamos.

Todavía no era tiempo de que nuestro Señor hiciera mila­gros porque el Padre había reservado "su hora". Y María, con su petición, ¡adelanta la hora de Dios! Podemos decir que su súplica "cambió" los planes de Dios. ¡Eso sí que es prodi­gioso! Un hijo bueno no niega nada a su madre. Y Jesús es el hijo más amoroso de la más dulce y bondadosa de las madres. Pero, sobre todo, ¡es Dios todopoderoso! Con esta intercesora, ¿qué no podremos obtener de Dios? Ella no es su secretaria ni una amiga, ¡sino su propia Madre!

Algunas veces cantamos en el Rosario: "Porque eres Madre de Dios, todo lo puedes; porque eres nuestra Madre, siempre nos acoges en tu corazón, María, a Dios y el hom­bre..." Todos, como hijos pequeños y débiles que somos, necesitamos de una madre, necesitamos de María, sobre todo en las horas de oscuridad y de aflicción.

Acudamos a María siempre que lo necesitemos y en todos los momentos de nuestra vida. Ella, como en Caná, arrancará otro milagro de su Hijo cuando nosotros, como aquellos jóvenes esposos, "ya no te tengamos vino" para seguir viviendo con fe, alegría y perseverancia nuestra vida cristiana.

Tomado de www.aciprensa.com