Comentario evangélico - La mujer adúltera

Comentario al evangelio según San Juan 8, 1-11

La mujer adúltera

En el relato de hoy Domingo V de Cuaresma, la mujer no dice una palabra que pueda parecer esencial o definitiva, la mujer se limita a contestar que se han ido todos los que la condenaban y en ningún momento pide perdón por su pecado. Falta esa palabra que consideramos necesaria: la palabra "perdón".

La mujer adúltera

Este pasaje de la mujer sorprendida en adulterio es una continuación, o mejor dicho, un ejemplo concre­to del maravilloso evangelio del domingo pasado (el hijo pródi­go). Los personajes son distintos, pero el mensaje es el mismo: el hijo pródigo es ahora la mujer sorprendida en adulterio; el her­mano mayor está encamado por aquellos que acusan a la mujer y la quieren apedrear; el padre bueno es ahora el mismo Jesús, que ha venido a manifestamos al Dios a quien nadie ha visto jamás.

El final del relato de hoy, nos dice que "quedó sólo Jesús y la mujer en medio, de pie..." La escritora francesa Simone Weil, escribe que "una de las verdades fundamentales del cristianismo, desconocida con demasiada frecuencia", es esta: "Lo que salva es la mirada". Todos hemos experimentado alguna vez la fuerza de una mirada, que dice más que muchas palabras y gestos. Algo maravilloso de la persona de Jesús debió de ser precisamente su mirada.

¿Qué escribiría Jesús en el suelo? Sin duda algo que dolió en el corazón, a aquellos que estaban dispuestos a aplicar la conde­na de muerte, de la ley de Moisés.

Jesús no excusa el pecado, pero, sí perdona de corazón al pecador.

Pbro. Angel María Pedrosa Arés, jesuita

Tomado de La Asamblea