En el relato de hoy Domingo V de Cuaresma, la mujer no dice una palabra que pueda parecer esencial o definitiva, la mujer se limita a contestar que se han ido todos los que la condenaban y en ningún momento pide perdón por su pecado. Falta esa palabra que consideramos necesaria: la palabra "perdón".
Este pasaje de la mujer sorprendida en adulterio es una continuación, o mejor dicho, un ejemplo concreto del maravilloso evangelio del domingo pasado (el hijo pródigo). Los personajes son distintos, pero el mensaje es el mismo: el hijo pródigo es ahora la mujer sorprendida en adulterio; el hermano mayor está encamado por aquellos que acusan a la mujer y la quieren apedrear; el padre bueno es ahora el mismo Jesús, que ha venido a manifestamos al Dios a quien nadie ha visto jamás.
El final del relato de hoy, nos dice que "quedó sólo Jesús y la mujer en medio, de pie..." La escritora francesa Simone Weil, escribe que "una de las verdades fundamentales del cristianismo, desconocida con demasiada frecuencia", es esta: "Lo que salva es la mirada". Todos hemos experimentado alguna vez la fuerza de una mirada, que dice más que muchas palabras y gestos. Algo maravilloso de la persona de Jesús debió de ser precisamente su mirada.
¿Qué escribiría Jesús en el suelo? Sin duda algo que dolió en el corazón, a aquellos que estaban dispuestos a aplicar la condena de muerte, de la ley de Moisés.
Jesús no excusa el pecado, pero, sí perdona de corazón al pecador.
Pbro. Angel María Pedrosa Arés, jesuita
Tomado de La Asamblea