Familia - Aprender a conversar

Aprender a conversar

"Conversar" equivale a versar juntos sobre un mismo tema, asunto o argumento. La conversación -el diálogo- es de dos, o más. Pero juntos y sobre una misma cosa. Si hay dos o más hablando de cosas distintas ya no estamos en una conversación ni en un diálogo, sino quizá en una olla de grillos, o tal vez, más probablemente, como con su habitual buen humor señala José Luis Olaizola, estemos metidos en una tertulia de españoles.

En estos tiempos que corren suele suceder que o reúnes o te reúnen. La reunión es un deber frecuente. Y esto es muy bueno cuando de veras la reunión es lo que su nombre parece indicar: "reunir", unir de nuevo -es de suponer- para estar más unidos que antes.

No siempre, sin embargo, se incrementa la unidad en las reuniones, incluso las pensadas para estrechar vínculos, enriquecer ideas, comprender un poco más a los otros, cooperar al bien común de la sociedad.

¿Por qué esos fracasos, al menos aparentes? No siempre, o casi nunca se debe a complejidad de los problemas que se debaten. Tengo para mí que casi siempre o muchas veces se debe a la complejidad de las conciencias.

Vale la pena no arrojar la toalla y cultivar sin desmayos "el santo diálogo, hijo de las nupcias de la inteligencia con la cordialidad". A mi me sirve de examen de conciencia el también d'orsiano "Decálogo para todo dialogante:

I. Escucha a todos, sobre todas las cosas.

II. Honrarás la educación que has recibido.

III. No desearás atropellar la palabra de tu prójimo.

IV. No te acalorarás.

V. No equivocarás.

VI. No pronunciarás palabras agresivas.

VII. No desearás tu monólogo frente al prójimo.

VIII. Celebrarás la inteligencia de los demás.

IX. No dialogarás en vano.

X. Vence en el diálogo, pero convence.

Pbro. Dr.. Antonio Orozco Delclós

Tomado de La Asamblea