Hola amigos y amigas:
Cuando a alguien se le pregunta que es oración, unos dirán, de una forma intelectual, que es una elevación del alma a Dios; quizá otros de manera más simplista y pragmática, digan que orar es hablar con Dios para pedirle cosas. En fin, hay muchas otras definiciones de oración, así como hay mentes y conceptos; pero lejos de una definición u otra, de una manera sumamente original para su época, Teresa de Jesús define la oración como: “Tener un trato de amistad, estando muchas veces tratando a solas, con quien sabemos nos ama” (Vida 8,5).
La amistad para Teresa ha jugado un papel importantísimo: En los inicios de su vida, la amistad con su hermanito Rodrigo la ilusionó tremendamente para irse a tierra de moros (el sur de España, ocupado por los moriscos) para dar su vida por Cristo.
Después de la muerte de su madre, cuando ella apenas tenía doce o quince años, la amistad con una prima de trato superficial le afectó mucho en su vida espiritual, tanto que ella termina aconsejando que los padres velen por sus hijos y las amistades que tienen. Creo que es un consejo muy actual, como toda su doctrina. Más tarde, el trato con una monja le hizo decidirse, aunque imperfectamente, para dejar de lado las cosas del mundo y entrar a la vida religiosa. Después de un largo tiempo de terribles padecimientos, su resignación y mansedumbre ante tal adversidad, hizo despertar una gran admiración hacia ella en toda Ávila, por lo que su monasterio se hizo un lugar de “peregrinación” para conocer a esa nueva santa (que aún estaba lejos de serlo). Era tal la cantidad de gente que la iba a ver, y ella, tan afectiva como era, que se empezó a esclavizar demasiado al bien querer de sus devotos. Eso no la dejaba ser libre para la entrega total que Dios quería de su parte. Y después de su conversión, alcanzada por el trato con gente espiritual, ella, ya siendo señora de sí misma y no esclava, continuó siendo una mujer de trato encantador que mantuvo relaciones con gente tan variada como el rey Don Felipe II, monjas, frailes, curas, obreros, posaderos, estudiantes, etc.
Conociendo un poco este aspecto de la vida de Teresa, podemos comprender la trascendencia que para ella tiene la palabra “amistad” y “trato”. Así como le ocurrió a la Santa Abulense (de Ávila), nos puede acontecer a nosotros: podemos estar rodeados de gente que se dice amiga nuestra, pero que lo único que hace es separarnos del Señor, intentando llenar sus carencias y vacíos afectivos, mas no siendo compañeros del camino hacia nuestro encuentro con Dios; pero también hay personas, esa gente que es como haber encontrado un tesoro, que te acerca al Amor Mejor. Esos son los verdaderos amigos, sin embargo, aun así no alcanzan el grado de amistad al que nos quiere llevar el Señor: a una grado trascendente, que pasa sobre las apariencias y los sentimientos, buenos, si, no obstante superficiales y condicionados, como condicionado y cambiante es el ser humano. El verdadero y único amigo en toda la extensión de la palabra, se encuentra por medio de la oración. La oración es la puerta para entrar al Castillo donde mora tan gran Rey, a quien, sin dejar de ser Rey, podemos tratar como amigo, concepto que meditaremos en otros capítulos.
Concebir la oración como un trato de amistad es lo mismo que decir “un trato de amor” y esto ya trae en sí grandes consecuencias:
Teresa, como vemos, con esta simple definición de la oración, cierra el paso al temor servil, para redescubrir las sendas nuevas del amor filial, mostradas por Jesucristo, el único Camino por el que nos encontraremos plenamente con el Padre. No le cerremos las puertas al Amor, hoy busquemos al Amado que nos espera en el interior de nuestro corazón y que nos invita a ser sus “amigos fuertes”
Ignacio J. Solano Gómez