En la pasada reflexión definimos que en la oración un elemento fundamental es “querer estar”, o sea, que para el orante el deseo de tratar de amistad con Dios debe estar por encima de las distracciones y sequedades que se viven en la vida espiritual, muchas veces involuntariamente.
Hoy traemos a la meditación otro concepto Teresiano de gran profundidad: Orar es mirar . Este es uno de los conceptos que Teresa de Jesús más utiliza para definir la interrelación por excelencia entre Dios y el hombre: la plegaria. Es parecido al querer estar, solo que el mirar le agrega alma, afecto y calor cordial a la oración.
Al orar, muchas veces queremos llenar nuestras plegarias de conceptos, razonamientos, especulaciones y expectativas, y caemos en la tentación de pensar que todo el negocio de la oración depende de nosotros y de lo que con nuestra mente hagamos. Por eso ante tal error, Teresa nos diría algo así como: “Deja esas consideracioncillas y cae en la cuenta de esa presencia más presente que nosotros mismos. Rinde tu pensamiento ante la Hermosura que excede a todas las hermosuras”. O como meditamos en otro momento: “No os pido mas de que le miréis.”
Tal vez, el decir “mirar a Dios” puede sonar muy abstracto e irreal, pues sabemos que a Dios nadie lo ha visto nunca, por eso considero adecuado hacer una aclaración: El mirar Teresiano no es el acto físico que realizamos por medio de los órganos oculares y, luego, procesado en nuestra psiquis. Este mirar es material, mientras el que nos propone Teresa es trascendente: significa tomar conciencia de un Dios cercano, compasivo, amigable, que busca nuestra compañía y que esta siempre atento al ser humano mirándolo. Y si a este concepto le agregamos el de San Juan de la Cruz: “El mirar de Dios es amar”, que esta en absoluta consonancia con la anterior afirmación de la Santa, obtenemos como resultado un certísimo juicio: “El mirar a Dios es amarlo.”
Eso nos lleva a otro juicio: El mirar (amar) a Dios no es otra cosa que una correspondencia a su mirar (amar) incondicional. “Mire que le mira” (V 13, 22) es una frase muy usada al referirse a la oración mental, o meditación. Al decir “que le mira” supone una acción que ya se esta realizando, o sea, lo miro porque Él ya me miró: Si podemos amar a Dios es porque Él nos amó primero y nos ha amado con amor eterno. Ese mirar-amar de Dios es el que puede de verdad transformar nuestra vida, dar sentido a nuestro ser y quehacer; y proyectarnos hacia una realidad orante nueva, que se haga patente en nuestras relaciones interpersonales, familiares, eclesiales y en toda nuestra actitud ante el mundo que nos circunda. Porque la oración no debe ser un escapismo, sino esa fortaleza donde nos preparemos para la batalla de cada día. “Obras quiere el Señor”.
Ese “tomar conciencia de la presencia de Dios” y ese “saberse mirado-amado” es imprescindible para que la oración sea de verdad oración y no simplemente meneo de labios o ejercicio mental.
“Oh, benignidad admirable de Dios que así os dejáis mirar por unos ojos que tan mal han mirado como los de mi alma!” (V 17,5) “[Dios os ha] sufrido mil cosas feas […] y no ha bastado para que os deje de mirar […] no está aguardando otra cosa […] sino que le miremos […] Tiene en tanto que le volvamos a mirar […]” (C 26,3) “Miraros ha Él con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lagrimas [por los sufrimientos de Su Pasión], y olvidará Sus dolores por consolar los vuestros sólo porque os vayáis con Él a consolar y volváis la cabeza a mirarle.” (C. 26,5)
Derroche de Amor es lo que podemos palpar al leer estas líneas de la Santa Abulense. Ese es el Amor que se nos quiere entregar en el trato continuo que se da en la oración, no como una simple teoría, sino como un trato de amistad, que se verifica en la verdad, se realiza en el interior del hombre, donde se es más uno mismo; y que supone un querer estar, dejándose mirar y mirando Al que nos ama porque nos conoce.
Bibliografía:
De Jesús, Teresa, Obras Completas. Editorial Monte Carmelo, Burgos, España. 2002.
De la Cruz, Juan, Obras completas. Editorial de Espiritualidad, Madrid, Espana. 1980.
Varios autores, Teresa, enséñanos a orar. Editorial Monte Carmelo, Burgos, Espana, 2001.
Simbología:
CV: Camino de Perfección, versión de Valladolid.
V: Vida o Libro de las Misericordias del Señor.
F: Fundaciones.
M: Moradas o Castillo Interior.
P: Poesías.
Ignacio José Solano Gómez