Hemos iniciado un camino, nos hemos atrevido a comenzar la carrera de la fe, hacia un encuentro con Cristo Resucitado, por medio de la oración: el trato de amistad. Sin embargo, este camino no es nada fácil, es más, nadie ha dicho que lo sea. El esfuerzo en nuestra vida cristiana ha de ser mucho, pues el mundo, a veces, parece satisfacer más al ser humano, ansioso de novedades y placeres, que las cosas de Dios. Los disfrutes del mundo se nos muestran mucho más atractivos que los que se experimentan en ese camino que se hace en la noche, en la oscuridad de la fe.
Iniciar una vida de oración no puede ser “flor de un día” o “llamarada de tuza”, sino que ha de ser un esfuerzo constante, un tender continuo hacia Dios que sólo se logra con la disposición y la determinación.
Hoy, centraremos nuestra atención en el elemento “determinación”. Para Teresa de Jesús la determinación es una decisión dinámica, osada, con entrega total y sin vacilación alguna. Según su experiencia, el iniciar esa aventura del viaje hacia la interioridad, no puede tener vuelta atrás, tal como si el camino hacia Dios tuviera un letrero que dijera: “Prohibido virar en U”. De ahí que ella diga que “es menester (necesaria) una determinada determinación” para llegar hasta el final de la fuente, que es Dios, aunque nos señalen, nos insulten, sea que se caiga el cielo o que tiemble la tierra, sea que muramos en el camino, con tal de que intentemos llegar. Así de total y enérgica es la determinación necesaria para llegar hasta esa unión del alma con Dios, la determinación de los santos, la determinación de nuestra Teresa.
Este es todo un reto que la Santa nos plantea hoy. En esta sociedad hedonista suena a sacrilegio hacer el esfuerzo de decirle: “Un momentito” a nuestras comodidades; pero no es menor que el esfuerzo sobrehumano hecho por ella, en su sociedad de “puntos de honra”, títulos nobiliarios y deseos de buen parecer de los demás.
La Seráfica Doctora, antes de llegar a esta firmeza, experimentó en ella misma su debilidad, su fragilidad y lo endebles que son las determinacioncillas humanas. Vivió en carne propia esto desde su aventurita frustrada de niña, cuando intentó escaparse a “tierra de moros” con su hermanito Rodrigo y fueron devueltos a casa por un tío suyo; hasta el día en que, haciéndose fuerza a sí misma y sintiendo un dolor como si “todos sus huesos se le apartaran el uno del otro”, abandonó a su amado padre y entró en el convento “para servir más a Dios”, y aquí entre nos, para, según ella, no irse al infierno por sus “grandes pecados” de la juventud.
Antes de proseguir con el tema de la determinación, considero pertinente aclarar que al decir: “grandes pecados de Teresa”, no me refiero a graves faltas morales. Ella habla desde la óptica de que Dios le exigía una entrega absoluta y ella no se acababa de determinar para ello. Esos y no otros, como algunos ignorantes y morbosos, aparentando erudición, han querido insinuar, fueron los “grandes pecados de Teresa” por los que llorará mucho y a los cuales dedicará algunas de sus más conmovedoras páginas.
Volviendo al tema, no obstante estas determinaciones anteriores, las mayores luchas de Teresa serán sus problemas afectivos, acerca de los cuales meditamos el primer día. La Maestra de Espirituales ya sentía esa exigencia total de Dios, pero ella seguía entregándose con más ahínco a sus amistades, algunas buenas, pero que en su mayoría lo que hacían era apartarla de sus deberes y superficializar su alma. Este es el tiempo de sus determinaciones y vacilaciones: “Ni bastaban determinaciones ni fatiga en que me veía para no tornar a caer en poniéndome la ocasión.” (V 6,4) Y aunque empezaba a experimentar los fuertes deseos del alma que quiere huir del pecado y entregarse a Dios, se veía del todo atada para ver cristalizado ese profundo anhelo. Al cabo de un año ya estaba desconsolada al ver que “todas [sus] determinaciones [le] aprovecharon poco” (V 4,9). Durante todo ese tiempo su oración era sin voluntad por más esfuerzos que hacia. Sin embargo, con todo y sus yerros continuó, hasta que Dios llegó en su auxilio, liberándola de su afectividad esclava y dejándola hecha otra persona. “Desde aquel día yo quedé tan animosa para dejarlo todo por Dios como quien había querido en aquel momento dejar otra a su sierva.” (V 24,7)
Ese es el esfuerzo que Dios quiere de mí, aunque me tenga que forzar a mí mismo para estar cerca del Señor, como remendaría Teresa. No es que Dios quiere que yo me haga una persona apartada de mis hermanos, refugiado en la oración para huir de mi responsabilidad comunitaria y social, no. Lo que Él desea es que ya no seamos esclavos de nada ni de nadie, sino que sirvamos a los demás con autenticidad y libertad. Que, como dice San Pablo, dejemos de lado todas las cargas y basuras que no nos dejan avanzar y que corramos con “determinada determinación” hacia el Señor. Si tus amigos te acercan a Dios, o vos podes acercarlos a ellos, eso es noble y querido por Dios; pero si ellos, por el contrario, te apartan de Él y te hacen su enemigo, eso es malo, es esclavitud. “Para ser libres nos ha liberado el Señor, diría el Apóstol”, no se nos olvide.
Para tomar esas determinaciones radicales y aún las más insignificantes: cada palabra, cada mirada, cada pequeño sacrificio; es imprescindible la ayuda de Dios. Y en eso no falla el Señor, pues está a nuestro lado en este camino. Sólo hay que esperar en Él y poner todo lo que sea de nuestra parte: “determinarnos y disponernos”
El hombre vive por lo general fuera de su digno castillo (su alma), pero hoy el Señor invita a cada uno a iniciar esa aventura de sacrificio y de lucha, mas también de gloria y amor, así como lo hizo Teresa. Ella dirá, no sin experiencia sobrada: “No puede menos [el alma], si va con la determinación que ha de ir, de traer al Todopoderoso a ser uno con nuestra bajeza y transformarnos en sí y hacer una unión del Creador con la criatura.” (CV 32,11) O sea, ser uno solo con el Señor en unión de amor. Si Dios lo hizo con Teresa, lo puede hacer con vos…
Bibliografía:
Teresa de Jesús, Obras completas. Editorial Monte Carmelo, Burgos, España, 2002.
Tomás Álvarez, Diccionario de Santa Teresa de Jesús, Editorial Monte Carmelo, Burgos, España, 2001.
Fray Luís de San José, Concordancias de Santa Teresa, Editorial Monte Carmelo, Burgos, España, 1965.
Varios autores, Teresa, enseñaos a orar. Editorial Monte Carmelo, Burgos, España, 2001.
Ignacio José Solano Gómez