Amigos fuertes de Dios

<< Capítulo VIX >>

 

"¡Qué difícil es que los que tiene riquezas entren en el Reino de Dios!” (Lc 18,24)

El verdadero amor es un requisito fundamental para quien inicia una vida de oración, mas no el único. Por eso, Teresa habla en su libro de oración, llamado “Camino de Perfección” que es necesario también un desasimiento de todo lo creado.

Pero, ¿qué significa este “desasimiento”?

Desasimiento, desprendimiento, desapego, desnudez, vacío, o “nada, nada, nada, nada” son palabras que quieren decir que Dios debe ser el centro de toda nuestra vida, que “sólo Dios basta”, que únicamente Dios puede llenar las aspiraciones del ser humano y que “andaremos inquietos hasta que no volvamos” al Señor.

Imaginémonos que nos van a dar un hermoso regalo. Es lógico que extendamos la mano para recibirlo, pero, ¿qué pasaría si tuviéramos las manos ocupadas con mil cosas? Una de dos: o no tomamos el regalo, o dejamos a un lado lo que tenemos en la mano al ver que el regalo que nos hacen es mejor.

Así pasa en la vida espiritual: Dios nos ofrece miles de tesoros preciosos, nos sirve la mesa de los hijos y desea que nos sentemos a comer todos los manjares de su Amor, pero nosotros muchas veces nos quedamos viendo y deseando las migajas que caen de la mesa del Padre.

Al iniciar el camino de oración deseamos que Dios se nos entregue en un romance soñado, con una pasión arrebatadora, como vemos en las películas de los santos; pero no queremos darnos del todo al Todo, sino que nos hacemos partes, guardamos nuestras reservas, mantenemos nuestras seguridades; caminamos llenos de arrimos, muletas y bastones que no nos dejan peregrinar con absoluta libertad el camino de la fe.

El desapego debe ser de todo lo exterior que nos limita, que anula nuestra libertad y que nos esclaviza a una realidad muy distante de la que como hijos de Dios merecemos. Para unos puede ser el afán de dinero (¡qué tentación más fuerte en esta sociedad capitalista!) para otros los lujos, la última moda, el exceso en las comidas, en las bebidas espiritosas, o tal vez esa relación tan tentadora, tan pasional, pero que me aleja de Dios porque no nace del verdadero Amor, sino de un simple deseo instintivo, pero sin trascendencia.

Hay muchísimas personas llenas de buenos deseos, pero que cuando en el seguimiento de Dios Él les empieza a pedir que dejen tal o cual actitud, se rebelan y se niegan al cambio. O sea, quieren un regalo, pero sin desapegarse de lo otro. Le prenden una vela a Dios y otra al diablo.

Algo así le pasaba a Teresa de Jesús, pues quería entregarse a Dios, pero sin dejar la vida superficial que llevaba, hasta que comprobó que “regalo (gustillos mundanos) y oración no se compadecen (no se llevan)”.

Por eso, hoy Dios nos hace el llamado de apartar todo lo que nos aleja de Él, lo que nos entretiene y en fin, lo que nos atrasa para la unión con Dios. Que en el camino de la oración hagamos lo que la esposa le dice al Esposo en el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz:

“Buscando mis amores iré por esos montes y riberas,
  ni cogeré las flores,
  ni temeré las fieras
  y pasaré los fuertes y fronteras."

Ahora bien, el desasimiento de todo lo creado no consiste tan solo en desapegarnos de lo externo, sino que conlleva desapegarnos de nosotros mismos, sin embargo, el tema lo desarrollaremos en el próximo capitulo. Por el momento, llevemos a la reflexión y de allí a la oración cuáles son esos apegos que tenemos, pidámosle a Dios que nos libere de ellos… y hagamos todo lo posible de nuestra parte para ser libres.

Ignacio José Solano Gómez