Parroquia San Isidro Labrador - Lecturas del domingo

Domingo 2 de agosto, XVIII semana del tiempo ordinario

Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1. 3-4. 8-12. 19-21

La sabiduría se alaba a sí misma, se gloría en medio de su pueblo, abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de sus Potestades. «Yo salí de la boca del Altísimo, como primogénita de todas las criaturas. Yo hice amanecer en el cielo una luz sin ocaso y como niebla cubrí la tierra; habité en el cielo con mi trono sobre columna de nubes.

El Creador estableció mi morada: “Habita en Jacob, sea Israel tu heredad.” Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y no cesaré jamás. En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto y en Sión me establecí; en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder.

Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos. Venid a mí, los que me amáis, y saciaos de mis frutos; mi nombre es más dulce que la miel, y mi herencia, mejor que los panales.

El que me come tendrá más hambre, el que me bebe tendrá más sed;
el que me escucha no fracasará, el que me pone en práctica no pecará.»

Salmo responsorial Jdt 13, 18bcde. 19

R. Tú eres el orgullo de nuestra raza.

El Altísimo te ha bendecido, hija, más que a todas las mujeres de la tierra. Bendito el Señor, creador del cielo y tierra.

R. Tú eres el orgullo de nuestra raza.

Que hoy ha glorificado tu nombre de tal modo, que tu alabanza estará siempre en la boca de todos los que se acuerden de esta obra poderosa de Dios.

R. Tú eres el orgullo de nuestra raza.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4-7

Hermanos:

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba! Padre.» Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.

Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

-«Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego, dijo al discípulo:

-«Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.