Reseña Histórica del Templo ParroquialAntes de que se construyera el templo que hoy conocemos, existió otra edificación mucho más pequeña y antigua en el mismo sitio, donde asistía la comunidad católica de entonces; pero este templo se hizo insuficiente para la creciente población y aunado con el deterioro provocado con el tiempo y los sismos de la época, surgió la iniciativa en el cura párroco Rubén Fernández apoyado por los vecinos para crear un nuevo templo aprovechando el mismo terreno por ser una llanura en un contexto topográfico con pendientes. El diseño del nuevo edificio fue encomendado al Arq. Teodorico Quirós, quien preparó los planos constructivos de una obra maestra de la arquitectura en un estilo neo gótico, que significa “nuevo gótico”, debido a que se inspiraría en el concepto artístico del gótico medieval francés pero adaptado a un sistema constructivo del siglo veinte. El costo del diseño y trabajo del Arq. Quirós fue de cuatro mil colones, pero finalmente se le canceló tres mil seiscientos porque se atrasó con la entrega de los planos terminados; espera que a todas luces valió la pena. Debido a que la estructura de la obra sería de acero, los planos se enviaron a Alemania a la casa Krupp para que sus ingenieros revisaran el diseño y remitieran la propuesta de costo de los materiales, el cual ascendió a la suma de treinta y seis mil seiscientos dólares, según detalle enviado en enero de 1929, y de cuyo costo se debía pagar por adelantado un treinta por ciento y el resto contra entrega; pero ese dinero no se tenía disponible, por lo que los feligreses se organizaron con un turno en el mes siguiente para recaudar fondos para la construcción del nuevo templo. Los vecinos aportaron con gran esfuerzo y trabajo, comidas y bebidas tradicionales de la época que cocinaban en las casas en cocinas de leña y se vendían en el turno donde concurrían todos a conversar con gran expectativa sobre aquella gran meta que habían asumido. Con las utilidades del turno se completaron once mil dólares para cancelar el treinta por ciento de adelanto y en el mes de agosto del mismo año se logró cancelar el setenta por ciento faltante. En espera de que la casa Krupp enviara los materiales, se empezó a preparar el terreno para la nueva construcción, proceso en el que participarían muchos hombres y mujeres, pues también tuvieron que conseguir y acondicionar un sitio provisional para celebrar las misas y demás eventos religiosos mientras se levantaba el nuevo proyecto. Las estructuras de acero llegaron en el buque Antioquia a Puntarenas el 16 de noviembre de 1929, desde donde se trasladaron en tren hasta Plaza González Víquez en la capital, luego en carretas con bueyes, reforzadas especialmente para soportar las cargas que debían dirigirse hasta Coronado. Los boyeros encargados de transportar los materiales fueron atendidos por mujeres que improvisaron una galera para dar alimentación a los que iban llegando con la valiosa carga de piezas de acero elaboradas especialmente para el templo. Entre ellas se destacaron doña Amelia Granados, Pilar Zúñiga y Matilde Tenorio. Así, poco a poco fueron llegando las partes metálicas de la estructura en un gran desfile de carretas que descargaban en la plaza hoy parque central frente al templo, en una algarabía comunal que todos festejaban conmovidos por el gran espectáculo que presenciaban. Sobre los grandes cimientos a mas de cuatro metros de profundidad se empezó a levantar la estructura, cuya altura insospechada dejaría perplejos a muchos locales y visitantes. Luego se levantaron los muros, contrafuertes y columnas sobre los cuales se apoyarían las vigas y arcos que completarían la estructura principal. El proceso constructivo fue dirigido por don Jacinto Rodríguez de gran experiencia y por el mismo cura párroco Rubén Fernández, quien además motivaba la organización de nuevos turnos para poder financiar los costos. Se dice que este templo se hizo realidad a “pura leche”, pues muchos lecheros y finqueros aportaron peones y recursos que contribuyeron con la edificación. En ese época una de las actividades económicas mas fuerte de la zona y que llegó a distinguir al cantón , fue la producción lechera y agrícola. Las campanas se pagaron a hacer con la casa Les Fils de Georges Paccard en Francia, en puro bronce con ornamentos en relieve. Una de las campanas se contrató en tono MI con un peso de 1.050 kilos con un diámetro de 1,18 metros en la base, esta fue bautizada con el nombre de Isidora en honor a los vecinos de San Isidro que la donaron; la otra en tono SOL con un peso de 650 kilos y un metro de diámetro en la base se llamó Rafaela en honor los vecinos de San Rafael por su aporte económico. El reloj instalado en la torre fue donado por don José Trinidad Mora, el cual ha sido sujeto de un cuidadoso mantenimiento que le permite todavía en nuestros días seguir marcando las horas. En la fachada hay tres pórticos que conducen a las tres naves, de las cuales la central remata en el altar mayor y las laterales en dos ábsides cada una. La torre con mas de cuarenta metros de altura esta rodeada de torteas y balcones todos soportados por contrafuertes y muros de concreto. Acompañando los portales se encuentran seis nichos en los que se encuentran las imágenes de San Pedro y San Pablo y los cuatro evangelistas, además hay seis pares de ángeles en cada una de las puertas de acceso, así como una cadena de arcángeles en la parte superior de cada uno de sus arcos. A pesar de que en el diseño original, don Teodorico previó una aguja en la techumbre sobre el transepto (donde se interceptan la nave central y la nave transversal) por razones desconocidas nunca se colocó, pero es un elemento común de los templos góticos europeos. A la nave transversal se ingresa a través de otros dos portales uno por el norte en donde se encuentra un alto relieve del nacimiento de Jesús, y otro por el sur con un alto relieve de Cristo en el calvario. Este trabajo así como el cielo raso abovedado y las bancas fueron realizados en gran parte por el artesano local don Rigoberto Solano González. Durante el proceso de construcción del templo murió un constructor que se resbaló del tercer nivel y quedó tendido en el piso del segundo nivel en la bodega derecha de la torre por donde se sube al campanario, era el joven Leonel Rodríguez Vargas de diecinueve años de edad. Este lamentable suceso ocurrió el 24 de agosto de 1933. El estilo arquitectónico de este templo es neo-gótico, pues presenta modificaciones constructivas respecto al estilo gótico de la época medieval. La principal diferencia radica en que los templos góticos medievales eran construidos con bloques de piedra y este templo está moldeado en concreto y estructura de acero. Su altura desde el basamento es de 40 metros hasta la cruz de la torre mientras que los templos europeos en su mayoría superan los noventa y cien metros, además los techos eran de madera. Se cree que esta imponente obra fue concluida alrededor del año 1944 en el arzobispado de Monseñor don Víctor Manuel Sanabria Martínez, segundo Arzobispo de Costa Rica. Preparado por: Arq. Rolando Méndez Soto |