Monseñor Barrantes nació el 21 de mayo de 1936 en San Isidro del General. El segundo de siete hijos, su pare don Félix Barrantes Elizondo (q.d.D.g) y Argentina Ureña Chichilla.

Sus estudios primarios los realizó en la Escuela Mixta de Ureña y los secundarios en la Escuela Complementariade Pérez Zeledón y en el Seminario Menor de Tres Ríos de 1950 a 1955. Hizo sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Central. Ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1961, por Monseñor Defín Quesada en la Catedral de San Isidro.

Hizo sus estudios en la Universidad Gregoriana, Roma, obteniendo su licenciatura en Derecho Canónico. Su diplomado en Catequesis de Adultos lo obtuvo en Bruselas, Bélgica, en el Instituto Lumen Vitae.

El 17 de junio de 1998, se graduó de Bachiller en Teología en la Universidad Anselmo Llorente y La Fuente.

Fue Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias, en el quiquenio 1985-1990. El 30 de abril de 1990, el Papa Juan Pablo II lo hace miembro de la Familia Pontificia, con el título de Capellán de Su Santidad.

Del 4 de marzo de 1990 al 31 de mayo de 1998, funge como Párroo de San Isidro de El General y Vicario General de la Diócesis de San Isidro de 1993 al 31 de mayo de 1998.

Fue nombrado primer obispo de la nueva Diócesis de Puntarenas, el 17 de abril de 1998 por el Papa Juan Pablo II. Su ordenación Episcopal la recibe el 6 de julio de 1998 de manos de Mons. Román Arrieta, en la fiesta de Nuestra Señora de El Carmen, patrona de esa Diócesis.

Y su nombramiento como Arzobispo Metropolitano, la recibe el 13 de julio de 2002, y la toma de posesión de la Arquidiócesis de San José, el 18 de octubre de ese mismo año en la Fiesta del Evangelista San Lucas.

Su Misión

Señor, tú me llamaste
para ser instrumento de tu gracia,
para anunciar la Buena Nueva,
para sanar las almas.

Instrumento de paz y de justicia,
pregonero de todas tus palabras,
agua pra calmar la sed hiriente,
mano que bendice y que ama.

Señor, tu me llamaste
para curar los corazones heridos,
para gritar, en medio de las plazas,
que el Amor está vivo,
para sacar del sueño a los que duermen
y liberar al cautivo.
Soy cera blanda entre tus dedos,
haz lo que quieras conmigo.

Señor, tu me llamaste
para salvar al mundo ya cansado,
para amar a los hombres
que tú, Padre, me diste como hermanos.

Señor, tu me quieres para abolir las guerras
y alviar la miseria y el pecado;
para hacer temblar las piedaras
y ahuyentar los lobos del rebaño. Amén