Ministro Extraordinario de la Comunión es el fiel laico, varón ó mujer, que voluntaria y libremente, ante un llamado de su párroco ó del sacerdote capellán de una institución de Iglesia, se consagra, por un tiempo determinado a facilitar el que sus hermanos tengan mayor acceso y facilidad para acercarse a la Sagrada Comunión, siendo esto último su razón de ser.
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La condición de "ministro" no es un privilegio, sino un servicio para bien de los demás. Esto exige dignidad y ante todo humildad al desempeñar su función u oficio, pues siguen siendo laicos.
Aparecer siempre como laico, sin necesidad de asimilarse al Clero; permanecer laicos a la vista de la comunidad.
Jamás buscar reverencias ni recompensas. No hay derecho a remuneración de ninguna clase; es un servicio sin ánimo de lucro que se presta con desinterés, alegría y mucha fe.
Valorar frecuentemente el Sacramento de la Penitencia y considerar que a mayor confesión de los pecados mayor aumento de la gracia bautismal. Eucaristía sin confesión es pura ilusión.
Asistir a la misa completa, ya sea cuando va a servir en el altar ó que vaya a retirar comunión para llevarla a los enfermos ó ancianos.
En una celebración eucarística si es llamado a ejercer su ministerio, está inhibido para realizar otro ministerio (moniciones, lectura de la palabra, presentación de dones, dar avisos, ni hacer colecta).
Presentarse al altar al momento de rezar el Padre Nuestro, debe dirigirse a la credencia a lavarse las manos y tratará de poder compartir el momento de la paz con el sacerdote.
Evitar rezar el Padre Nuestro con las manos abiertas, sobre todo cuando esté en el presbiterio.
Evitar tomar la comunión por sí mismo, debe recibirla del celebrante. En una celebración de la palabra si no hay ministro ordinario, si hay otros ministros extraordinarios se darán la comunión uno a otro.
No podrá negar la comunión a un fiel bautizado.
Debe vestir con modestia, pulcritud y formalidad.
Cuando desempeñe el ministerio no usará perfumes, colonias u otros aceites, principalmente en las manos.
Cuando se retirara del templo y lleva la eucaristía debe hacerlo con una alta dosis de respeto, recogimiento, prontitud y seriedad. No podrá hacer de camino algún tipo de asunto ajeno (entre ello conversar).
Hacer la genuflexión (doblar la rodilla derecha hasta el suelo) cada vez que se ingrese al templo, cuando se pase frente al sagrario ó ante el señor expuesto en la custodia.
Hacer inclinación profunda cuando se pase frente al altar ó al ministro que preside.
Utilizar siempre un relicario para colocar las hostias consagradas. El mismo puede ser de madera, metal ó de otro material noble, en tanto sea inoloro y no absorbente. Debe llevarlo en una bolsita especial preferiblemente colgando al cuello, junto a su corazón ó eventualmente en la mano. Debe purificarlo cada vez que finalice su ministerio.
Llevar siempre un corporal y un purificador propios.
Visita a los enfermos, ancianos ó inválidos:
La visita del Ministro Extraordinario de la Comunión reviste un carácter de misión o envío y, por tanto, difiere de una visita hecha en calidad de familiar o de amigo. El carisma para animar y consolar a los enfermos y ancianos que ha de poseer el Ministro es dado por el mismo Espíritu Santo, porque “cada uno sirva a los demás según los dones que haya recibido”.
En este Ministerio es más lo que se recibe que lo que se da. Conscientes de ser instrumentos del Señor, enviados por El, por medio de nuestro Cura Párroco, para animar y consolar, administrando un misterio de amor, que es resurrección a través de la cruz del sufrimiento.
La persona enferma, el anciano ó el inválido son muy especiales. Debido a su situación de dolor y sufrimiento ó debido a su condición es sumamente sensible, necesitado de cariño y de respeto. Necesita ser escuchado y comprendido. Es un gran evangelizador al llevar con entereza su dolor ó condición, aunque a veces puede volverse algo agresivo y sentirse desanimado. En esas circunstancias debemos actuar con mucho amor, paciencia y comprensión, intentando devolverle la confianza y fortalecer su fe.
Al entregar su enfermedad ó condición al Señor y soportar el dolor por amor a Cristo, es para todos sus hermanos un gran ejemplo de fe, de entrega, de fortaleza y de esperanza.
Consta en el documento “Cusos Fidei” de 1969 (durante el Pontificado de Paulo VI) la introducción por parte de la Iglesia Católica Romana del servicio de los Ministros Extraordinarios de la Comunión.
En nuestra Parroquia, no es sino hasta 1981, cuando el Presbítero Leonel Chacón “designa” a los primeros colaboradores en este Ministerio, quienes tenían bajo su responsabilidad un total de treinta ancianos y enfermos cada uno, a los cuales por solicitud del Padre Chacón debían visitar todos los días Domingo. Fueron esos primeros ministros:
Posteriormente, el Padre Chacón designa a cuatro Ministros más, los cuales vienen a reforzar la noble labor desempeñada por los primeros ya mencionados. En ese momento se designa a:
Hasta la fecha un innumerable grupo de fieles laicos han servido a nuestra Parroquia en este Ministerio, el cual es sin duda de los ministerios de más grave responsabilidad en la Iglesia, compartiendo posiciones con el “ministerio de la palabra”, ya que ambos son responsables ante los fieles y por envío de los ministros ordenados, del correcto y óptimo manejo que se haga de las dos presencias por excelencia de Cristo en su Iglesia: el “Pan” y la “Palabra”.