Biografía de Santa María Francisca de las cinco llagas

Biografía de Santa María Francisca de las cinco llagas (Año 1791)

Nació en Nápoles (Italia) en 1715.  Su padre era un tejedor, hombre de terrible mal genio.  La mamá era una mujer extraordinariamente piadosa, la cual antes del nacimiento de la niña, ante los tratos tan violentos de su esposo y ante misteriosos sueños que había tenido, le consultó su caso a San Francisco Jerónimo, el cual le profetizó que tendría una hija a la cual Dios le hablaría por medio de revelaciones.

Niñez dura pero fervorosa

Desde muy pequeñita fue obligada por su iracundo padre a trabajar muchas horas cada día en su taller de hilados.  Pero la mamá aprovechaba todo rato libre para leerle libros piadosos y llevarla al templo a orar.  El párroco, admirado de su gran piedad y viendo que se sabía de memoria el catecismo, la admitió a los 8 años a la Primera Comunión, y al año siguiente la encargó de preparar a varios niños, a los cuales logró hacer aprender muy bien el catecismo y entusiasmarse por la religión y los sacramentos.

Fenómenos raros

Las demás obreras de la fábrica comentaban:  ‘María Francisca trabaja las mismas horas que nosotras y hace el doble de hilados que las demás.  ¿Qué será? ¿Vendrá su ángel de la guarda a ayudarla?  Y empezó a correr la noticia de que esta jovencita recibía especiales ayudas del cielo.  Lo cierto es que cada día dedicaba cuatro o más horas a rezar, leer y meditar.  Y cada mañana asistía muy devotamente a la Santa Misa.

Un aviso misterioso.  Un domingo por la tarde, mientras preparaba unos niños a la Primera Comunión, de pronto se quedó callada como mirando a lo lejos y luego dijo entusiasmada:  ‘José, Josecito:  corra a su casa que mamá lo está necesitando.  Vaya allá enseguida’.  El niño salió corriendo y encontró que a la mamá le había dado un ataque y al caer había lanzado una lámpara encendida sobre un poco de ropa y se iba a producir un incendio.  A tiempo pudo apagar las llamas y salvar la vida de su mamá.  La noticia corrió por todo el barrio, y la gente empezó a comentar que a esta muchacha le enviaba Dios mensajes extraordinarios.

Matrimonio frustrado.  Como era hermosa, el papá le consiguió un novio de clase rica.  Pero María Francisca le dijo que ella había prometido a Dios conservarse soltera y virgen para dedicarse a la vida espiritual y a ayudar a salvar almas.  El papá estalló en cólera y le dio violentos azotes.  La encerró en una pieza a pan y agua por varios días.   La jovencita aprovechó este encierro y este ayuno para dedicarse a orar y meditar y a hacer penitencia.  La mamá logró hacer que un padre franciscano viniera a la casa y convenciera al furibundo papá para que dejara en libertad a su hija para escoger el futuro que más le agradara.  El religioso logró convencer al violento don Francisco Galo a que permitiera que su hija se dedicara a la vida espiritual, en vez de obligarla a contraer matrimonio.  El hombre era muy malgeniado, pero sentía respeto por los sacerdotes y obedeció.

Terciaria franciscana

El 8 de septiembre de 1731 recibió el hábito de Terciaria franciscana y siguió viviendo en su casa, pero con comportamientos como de fervorosa religiosa (las terciarias viven en su hogar, pero se comportan como si fueran religiosas).

Espiritual sí, pero negocio no

Como la gente comentaba que esta muchacha avisaba el fututo y leía las conciencias, un hombre de negocios le propuso a don Francisco que aprovechara las cualidades de su hija para conseguir mucho dinero.  El papá le propuso entonces a María Francisca que se dedicara a adivinar la suerte a los demás y cobrara por la consulta.  Ella le dijo:  ¿Papá, es que has creído que yo soy adivina?  ‘No eres adivina’, le respondió él, ‘pero eres una santa y lograrás que Dios te comunique el futuro de la gente’.  La joven le dijo humildemente:  ¡Papá, yo no soy una santa.  Yo soy una pobre criatura que lo único que hace es tratar de rezar con fe, pero no soy la que tú te estás imaginando.  Y además nunca negociaré con lo que es de la religión¡

Entonces aquel hombre violento la castigó ferozmente a latigazos y a duras penas logró la mamá sacarla de entre sus manos castigadoras.  La joven corrió aterrorizada a casa del Sr. Obispo, el cual se fue ante el juez y logró que a ese hombre tan violento le pusieran una caución, o sea una sentencia de que si en adelante volvía a azotar a su hija tendría que pagar una fuerte multa.  Esto lo suavizó y en adelante no la azotó ya más.

Su vida mística

María Francisca era muy devota de la Pasión de Cristo, por eso al hacerse Terciaria Franciscana tomó el nombre de María Francisca de las Cinco Llagas.  Y pasaba horas y horas meditando en la Pasión y Muerte de Jesús.

Frecuentemente mientras estaba en oración entraba en éxtasis (o sea ese estado de contemplación y de meditación profunda cuyo resultado es una suspensión de la actividad de los nervios y de los sentidos, acompañada con visiones sobrenaturales).  La Sma. Virgen se le aparecía y le traía mensajes.  Pero también el demonio se le presentaba en forma de perro rabioso que la aterrorizaba.  Afortunadamente descubrió que al hacer la señal de la cruz, y a pronunciar los nombres de Jesús, José y María lograba que el demonio saliera huyendo.  Este fue el consejo que le oyó un día al crucifijo:  ‘Cuando te asalten los ataques de los enemigos del alma haz la señal de la cruz, y además de invocar los nombres de las tres divinas personas de la Sma. Trinidad, debes decir varias :  ‘Jesús, José y María’.

Tentaciones

Una señora la invitó a visitar un enfermo, pero la llevó fue a una casa donde se efectuaba un baile inmoral.  Ella huyó precipitadamente y se libró de la corrupción.

Casos raros y misteriosos

Cuando la mamá se le murió, María Francisca se dio cuenta de que ante el temperamento tan violento de su padre, ella tenía que abandonar el hogar.  Y un santo sacerdote le permitió que fuera a atenderle la casa cural.  Allí estuvo los últimos 38 años de su existencia, y ese tiempo le sucedieron muchos hechos misteriosos.  Veamos algunos.

Aviso oportuno

Un día estaba barriendo la sacristía cuando oyó una voz que le decía:  ‘María Francisca, huya, salga huyendo rápido’.  Ella salió corriendo y minutos después se desplomó el techo de la sacristía.  Así salvó su vida.

El viacrucis

Cuando rezaba el viacrucis (que significa:  ‘viaje a la cruz’ o sea, la oración que recuerda la subida de Jesús al monte Calvario y su muerte allí) iba sufriendo dolores parecidos a los que Jesús sufrió en el Huerto de los Olivos, en la flagelación.  En la coronación de espinas, al llevar la cruz a cuestas y al ser crucificado.  Cada Viernes Santo entraba en agonía como si estuviera muriendo en una cruz.  Y todo esto lo ofrecía por la conversión de los pecadores, y el descanso de la benditas almas del purgatorio.  Las gentes decían:  ‘María Francisca saca más almas del purgatorio ella sola con sus sufrimientos, que todos nosotros con nuestras oraciones’.

El milagro de las hostias

Unos de los fenómenos más extraordinarios de esta santa sucedieron durante la comunión.  En tres ocasiones la Santa Hostia voló a posarse en sus labios.  Una vez mientras el sacerdote decía:  Este es el Cordero de Dios... la hostia que él tenía en la mano salió volando y fue a colocarse en la boca de la santa.  Otra vez voló desde el Copón, y una tercera vez, al partir el celebrante la hostia grande, un pedazo de ella voló hacia la fervorosa mística que estaba aguardando turno para comulgar.

Con el Niño Jesús

En la Navidad de 1741, el Niño Jesús le habló y le dijo:  ‘Quiero que seamos amigos para siempre’.  Fue tan grande la emoción de ella al oírle esto a Nuestro Señor, que quedó ciega por 24 horas.  Después recobró otra vez la vista y el resto de su vida lo dedicó por completo a amar a Jesús y a hacerlo amar por los demás.

Sufrimientos

Le aparecieron las cinco llagas o heridas de Jesús en su cuerpo (manos, pies y costado).  Su salud era muy defectuosa y las enfermedades la hacían sufrir enormemente.  Cuando su padre estaba moribundo le pidió a Dios que le pasara a ella los dolores que el pobre hombre estaba padeciendo, y así sucedió con espantables sufrimientos para la santa mujer.  Pero con estos padecimientos logró convertir a su papá y a muchos pecadores más.  En sueños veía a varias almas del purgatorio que le suplicaban ofreciera por ellas sus sufrimientos y así lo hacía.  Muchas personas la trataron muy mal y ella ofrecía con paciencia estos malos tratos rezando por quienes le ofendían, y tratando bien a quienes le trataban tan mal.

Las gentes murmuraban contra ella y le inventaban lo que no era cierto, pero ella callaba, para asemejarse a Jesús que callaba en su Pasión.  A su director espiritual le dijo un día:  ‘He sufrido en mi vida todo lo que una persona humana puede sufrir.  Pero todo ha sido por amor a Dios’.  Y le añadía:  ¡Padre, sean muy bondadosos con las personas que los vienen a consultar.  No sean duros con nadie¡

Últimos avisos

Anunció que iban a llegar muy pronto unos sufrimientos terribilísimos para la Iglesia Católica (y en aquellos años llegaron las feroces persecuciones de la Revolución Francesa que ocasionaron tantísimas muertes de católicos).  Pidió a Dios que no permitiera que ella presenciara esos desastres, y murió cuando estaban empezando.

A un sacerdote le prometió que se le aparecería pocos días antes de que él se muriera.  Así lo hizo.  Se le apareció y a los tres días murió el padre.  El 6 de octubre de 1791 murió santamente,  Y el año 1867 el Sumo Pontífice la declaró santa.

María Francisca:  enséñanos a amar a Jesús Crucificado con el amor con el que lo amaste tú.